Las agujas del reloj del barrio judío se mueven al revés, ajenas al avance del tiempo, como si quisieran detener los instantes irrepetibles vividos al pasear por sus calles. La ciudad se multiplica en las piezas de un policromo mosaico que la dibujan. Atrás quedan los apacibles callejones de Josefov, el barrio judío, mientras cruzamos la fina línea que separa la Praga perdida en la fugacidad del tiempo de la Praga masificada por el incómodo transitar de los turistas. Pisamos de nuevo el pavimento en el que se arrastra la línea metálica, que termina en una placa que apunta hacia una dirección. Leemos la leyenda que contiene :: "MERIDIANUS QUO OLIM TEMPUS PRAGENSE DIRIGEBATUR". Sentimos la energía del mediodía solar, atrapada en esa línea; quizás sea ella la que nos impulsa a improvisar una nueva ruta siguiendo las fachadas que contienen motivos astronómicos y bellos trazos de relojes de sol. Éstas, nos permiten encontrar otras en las que se representan el mito de Hércules y las leyendas de las constelaciones, que nos abren un improvisado pasillo hasta el inmutable reloj astronómico de la fachada del ayuntamiento. La nueva senda nos mantiene atentos a las partes altas de los edificios. Así, mirando el cielo, el brillo metálico de Atlas cargando la esfera celeste nos incita a entrar en un complejo de edificios donde se encuentra la biblioteca Clementinum; imagino a Borges registrando su secreto.
Lástima que las obras que realizan actualmente en ella impidieron que entráramos a visitarla. Quizás era una confabulación del destino para que volviéramos de nuevo.
19/6/13
El andar por una ciudad siempre uno descubre lugares de otro tiempo de los que causan otras sensaciones, un buen paseo por Praga me imagino, un abrazo
2/7/13
Tú sabes mucho, sobre el descubrimiento que mencionas.
Sí, describo un paseo por praga.
Abraçades, Maripi.
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