Al anochecer
Ojalá y cuando acabe el día lluevan palabras y que éstas detengan las agujas del reloj. Como hacíamos antes, a la vera del fuego o haciendo un corro en la puerta de casa, nos contaremos historias mientras Venus se hace visible y enciende la noche.

Salamandra

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Adherida a las barandillas de piedra, formando un puente con su cuerpo de colores, está inerte la Salamandra. La contemplo y pienso en la cantidad de compañeros suyos, menos agraciados, que he aturdido con la escoba, haciéndolos trepar pared arriba, hasta desaparecer en alguna grieta o en las pitas de jardines colindantes.
Cuando era pequeña las temía. Me habían dicho que si te escupían te quedabas calva. También me decían lo mismo de los sapos, así que me pasé un tiempo huyendo de unas y de otros. Pasaron los años y me acostumbré a verlas, en las noches de verano, en las paredes de los edificios. Allí donde había una farola, se paseaban en grupo arriba y abajo, zampándose cualquier polilla o mosquito que se acercara. Recuerdo que algunas jugaban a confundirme desprendiéndose de la cola cuando intentaba atraparlas. ¡Qué susto!, la primera vez que experimenté esta división en una de ellas... Posteriormente me tranquilizó el hecho de saber que les vuelve a crecer.
Esta Salamandra de colores brillantes, del Parque Güell, confía mucho en su camuflaje de obra de arte irisada. Por eso permanece inmóvil y nos permite disfrutar de su mimetismo. Me pregunto ¿qué debe pasar cuando cae la noche y nadie la contempla? Todo cambia y se transforma cuando las criaturas nocturnas ocupan los espacios que dejan vacíos las diurnas al retirarse a sus madrigueras. Seguro que la Salamandra baja de su pedestal y se dedica a correr detrás de los insectos y las mariposas de luz que ilumine la luna, antes que el sol la petrifique de nuevo. 
3 comentaris:

Yo recuerdo en mi casa que siempre mi madre nos decía de no dejar ninguna puerta abierta ni ventana que no tuviese mosquitera, por miedo a que entrase una salamandra, ya que siempre se paseaban por los muros de la casa, con lo cual siempre he tenido miedo de ellas, afortunadamente que por aquí no hay.
Abrazos


Un escrito muy bello.
Por cierto, a mí debió escupirme alguna salamandra. Pronto abandonaré a mi peluquero.


Mari-Pi. Las paredes de mi terraza es su rambla. Debe haber una gran despensa en ellas. ^0^

Rafael. Desde el punto de vista positivo, te ahorraràs unas perrillas.
Gracias.


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Probablement necessitaria una vareta màgica amb la qual destriar la línia, massa fina, entre la realitat i la ficció de pensaments, idees i sentiments. S'han anat desdibuixant a mesura que anava vivint.

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