Al anochecer
Ojalá y cuando acabe el día lluevan palabras y que éstas detengan las agujas del reloj. Como hacíamos antes, a la vera del fuego o haciendo un corro en la puerta de casa, nos contaremos historias mientras Venus se hace visible y enciende la noche.

Los recursos del imaginario

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Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
(Gabriel García Márquez: Cien años de soledad)


¿Qué deben pensar hoy día los "cataqueros", habitantes de Aracataca, sobre la decisión que tomaron un día? No quisieron que su pueblo fuera el escenario de una de las novel-les más leídas los últimos años y el autor tuvo que crear un lugar imaginario, Macondo. Tal vez si le hubieran preguntado al arbusto o al arroyo que también se llaman Aracataca, la respuesta habría sido otra, pero desgraciadamente nunca se consulta nada a la naturaleza.
Desde que viajé por primera vez a esta cuna centenaria de soledad, con la ayuda de una prosa que traduce la magia en realidades, no dejo de pensar que sería fantástico poder señalarlo en un mapa con la intención de visitarlo un día cualquiera. No puedo hacerlo, sin embargo. Así que cada vez que releo, hipnotizada, hechos tan poéticos como el de "la Bella" que nadie volvió a ver desde que  levitó rodeada de mariposas, o el descubrimiento de uno de los Buendía, que la tierra es redonda como una naranja, me obligo a construir escenarios que nunca son igual. Entonces me recreo en la idea que probablemente algún día, de tanto pensar, Macondo se hará real y me permitirá perderme por unas calles, llenas de detalles, que me tienen el corazón robado.
6 comentaris:

Bonita reflexión.
Que tengas un hermoso día.


Macondo es tan real en nuestra mente que cuesta aceptar su inexistencia. También a mí me fascina la magia de ese libro.
Un abrazo.


Mari-Pi, Gloria. Es un libro mágico que proporciona conocimientos y encuentros inolvidables.
Gracias por comentar.


Leí este libro, todos decian que era pesado pero lo leí, me costó pero lo lei. No sabria decir que parte me gustó mas, o cual recuerdo mejor, por ejemplo:
«..Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria...»

Gracias Pilar por recordarlo, besotesssss guapa!


Gracias por la sugestión. Voy a leerlo.

Una abraçada


Pepa. Has elegido un fragmento mágico..Resulta fácil encontrar infinidad de ellos a lo largo del libro. Gracias a ti por estar ahí. Petons!

Tatuagem. Ojalá y entres de lleno en la realidad mágica de éste libro. Creo que es un viaje difñicil de olvidar. Petons, maca!


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Probablement necessitaria una vareta màgica amb la qual destriar la línia, massa fina, entre la realitat i la ficció de pensaments, idees i sentiments. S'han anat desdibuixant a mesura que anava vivint.

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