Al anochecer
Ojalá y cuando acabe el día lluevan palabras y que éstas detengan las agujas del reloj. Como hacíamos antes, a la vera del fuego o haciendo un corro en la puerta de casa, nos contaremos historias mientras Venus se hace visible y enciende la noche.

La mujer Olvido

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En un intento de entender las palabras que me decía a mí misma, las escribía; pero las letras dibujadas sobre blanco no indicaban con claridad las ideas, incapaces de encontrar la respuesta que necesitaba, inhabilitadas para poder existir. Cada palabra tenía mil significados, casi tantos como los que tiene el silencio. Sin embargo, fueron la llave que abrió la puerta por la cual los pensamientos se escapan y tanto los buenos, como los malos, como los que me asustan, revoloteaban mostrándome “mi yo”.
El pasado se hizo presente y me ató, obligándome a sumergirme en el mar de los recuerdos que me llevó hasta la playa de la niñez, llena de cuentos y de lunas sonrientes. Seguí las huellas que dibujaban un camino en la arena, las cuales me llevaron a encontrarme con tres de los personajes que más había admirado: el hombre de lata, el hombre león y el hombre de paja, que tiempo atrás me enseñaron a seguir caminos sin desfallecer aceptando el miedo y la debilidad que todos tenemos dentro. Los acompañaba un personaje que no conocía y que en un primer momento confundí con la niña a la se habían unido, en el camino de las baldosas amarillas, cuando buscaban la ciudad de las esmeraldas. “Es la mujer olvido”, me dijeron. Al mirarla, me di cuenta que era un ser que pertenecía a un mundo desconocido, paralelo al nuestro, dónde sólo ella y otros seres como ella, mariposas de humo con sonrisas de cristal, podían existir. Asombraban sus ojos de niebla que buscaban constantemente la luz, la manera de andar lenta e insegura que la obligaba a mirar al suelo y la obsesión de repetir frases, de manera intermitente, como si quisiera que aprendiéramos una lección importante. Los tres hombres me invitaron a seguirlos por el camino que lleva al “Mundo de los Objetos Perdidos”, donde creían que su amiga había jugado a cambiar cosas de lugar, uno de sus juegos favoritos, y se había olvidado la memoria. Qué vereda más empinada tuvimos que seguir, ¡Dios mío! Cuando creías que al fin llegabas, se plegaba de tal manera que volvías a encontrarte al comienzo; mientras tanto la mujer olvido se iba alejando de nosotros y se nos hacía difícil alcanzarla. Era desolador permanecer en aquel camino desconocido; las lágrimas que no podíamos contener, el miedo y la angustia, al conocer más almas que andaban sin rumbo, nos hizo enfermar. Los médicos que nos atendieron nos decían que debíamos curar-nos antes de seguir, pero les faltaba una cosa muy importante, el libro de instrucciones que nos podía mostrar cómo hacerlo. Probablemente llevaban tanto tiempo viviendo en aquel lugar, que algún ser olvido les había empezado a esconder cosas y les era imposible encontrarlas. Continuamos andando, siguiendo a nuestra amiga y perdiendo salud a cada paso, hasta llegar a un gran mostrador ubicado en unas estanterías tan grandes que no les veías el final, donde podías leer escrito en muchos rótulos: “Mundo de los Objetos Perdidos”. Nos recibió una mujer idéntica a la que acompañábamos, pero completamente diferente. Lo más espectacular eran sus ojos llenos de luz, la sonrisa amplia, el ademán seguro y la fluidez en el habla. Nos dijo que ella y la mujer olvido eran la misma persona y que estaba contenta de haber podido escapar de su interior, aunque sólo fuera durante el tiempo que durara nuestra conversación. Nos enseñó la memoria perdida, que ella siempre guardaría en el plano que le pertenecía, a pesar de que no la podía mostrar porque su parte olvidada debía guardarse como si fuera un gran tesoro. Nos agradeció el hecho de haberle facilitado con nuestra amistat el único recurso que la podía hacer salir de aquel orbe en qué se había adentrado sin saber cómo; probablemente la causa era mostrar que existía y que lo debíamos evitar. Fantaseamos con un futuro en que los médicos sabrían cómo curar el olvido y los enfermos que había creado a su paso. Seguramente existía el camino cierto en que no cabía la posibilidad de desaprender todo lo que se había aprendido mientras se vivía. Mientras tanto sólo nos quedaba soñar.
Volvimos a la playa para que yo pudiera volver a casa. Lo hice sintiendo que era posible conseguir algo repartiendo mis sueños. Aquí empieza el reparto.
5 comentaris:

Sabes Pilar? me han entrado ganas de volver a leer "Alicia en el país de las maravillas" creo que me perdi mucho de su contenido, de ese fondo del libro...

Gracias por la entrada, como siempre, acertada.

Petonsss


Llena de nostàlgias de encuentro
vive la dicha en muchos cuerpos,
se llenaron de vida i soñaron
ser eternos en su caminar.
Però cambió el destino...
Olvidarlo todo
quien sabe si és la felicidad ?
Soledad, silencio, quietud
quando el cuerpo és inútil
i la mente ya casi no existe...
Que somos entonces?
.....................Anton.
Un relat magnífic ens fas llegir,
ple d'hores de ruta teva en defensa... Aplaudeixo la teva lluita. Avui, per tu no és UN DIA QUALSEVOL... / tres vegades he intentat entrar el que he entrat al meu blog..


Pepa, Anton, Gràcies de nou. Sempre hi sou.
Us abraço ben fort!


Pepa! Eres puro despiste. Oz. Siempre el maravilloso mundo de : El mago de Oz.


Aisss Pilar siiies verdad, sabes? es que estoy bajandome peliculas de dibujos para las gemelas, para cuando las puedan ver, y voy comprando cuentos cuandoveo alguno quem e gusta y me hice un lio enla cabeza, jajajajajaja, aissss es que hija esto de ser abuela tiene sus efectos; buenos por supuesto, estoy siempre en las nubes!!!


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